miércoles, 22 de enero de 2014

Campaña de sensibilización de la infancia

INFANCIA MISIONERA

Campaña dedicada a la sensibilización de la infancia.
Objetivos:

-Que las niñas y niños abran su mirada hacia otras culturas, hacia otros pueblos.
-Que seamos conscientes de que todas las personas del mundo formamos una familia y somos parte de la creación.
-Colaborar con los padres, madres, catequistas y docentes en el despertar de la conciencia misionera universal en los niños y niñas.

1.      Los prolegómenos 1822 Comenzó la obra de la propagación de la fe
La Obra de la Santa Infancia nació en Francia, el 9 de mayo de 1843, después de un largo periodo de reflexión durante el cual el Fundador, Mons. Charles de Forbin-Janson, vivió la pasión por la salvación de las niñas y niños  chinos, destinados, por la pobreza y la ignorancia, a morir sin recibir el bautismo.
Desde su nacimiento, la Infancia misionera  se configuró como un itinerario de fe que, llevando la misión al corazón de los pequeños, les hacía descubrir la alegría de servir a los hermanos. Este compromiso misionero de los niños no era a sentido único: las oraciones, los sacrificios, la simpatía de los niños europeos son correspondidos con las oraciones, los sacrificios, la simpatía y, a veces el testimonio del martirio, de los niños chinos.
1.      El lema
 “Los niños ayudan a los niños” realizó una revolución copernicana en campo apostólico. Por primera vez los pequeños actuaban en la Iglesia como protagonistas de pastoral, y se demostraron protagonistas humildes, sencillos, pero también creativos y valientes.
2.      Sus inicios
Los niños, hasta ese momento, eran considerados beneficiarios de la misión y destinatarios del anuncio, y, de pronto y manera imprevista, se convirtieron en protagonistas convencidos y determinados. Se constata una gran acogida por parte de los niños que desean tomar parte activa en la misión.
Desde los primeros meses de la fundación, la Comunidad cristiana tomó conciencia de la fuerza misionera de los niños, en los cuales se manifestaba una presencia particular del Espíritu.
El protagonismo misionero de los niños fue, efectivamente, un punto sin vuelta atrás de la historia de la Iglesia. Por la Historia de la Salvación sabemos que a los pequeños nunca les ha sido confiado un papel de responsabilidad pastoral. Con Cristo, el niño se ha convertido en el punto de partida y de llegada del nuevo Reino. Muy a menudo, el Reino que Jesús describe en las parábolas evangélicas se compara a algo muy pequeño que llegará a ser muy grande: la semilla de mostaza, el grano de trigo, una pizca de levadura.



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